Embarazo

El parto y sus fases

El parto

Esto es algo a lo que siempre he tenido pánico. Siempre me han contado experiencias, mejores, peores y muy malas. Y yo que ya de por sí, soy bastante cagueta, pues ya ves…

Pero como desde que me quedé embarazada he estado buscando mucha información sobre todo, no tenía ni idea de nada de este mundillo, nunca me había interesado la verdad, pues parece que, aunque no del todo, algo de miedo he perdido.

Se que va a doler de la ostia y que pueden pasar muchas cosas y quizá algo que me tranquiliza es precisamente la falta de experiencia. Como no se lo que me va a pasar…

Ya contaré mi parto y seguramente me cagaré en todo.

He recopilado algo de info. Me ha quedado un poco largo, pero está interesante.

¿Cómo se inicia el parto?

Al final de la gestación se inicia un proceso que tiene por objeto la expulsión del bebé al exterior, denominado parto.

El motivo por el que el parto se inicia no se conoce con exactitud, siendo así que se han argumentado diversas posibilidades desde aquellas que implican cambios hormonales maternos hasta las que implican cambios biológicos a nivel fetal, que señalarían que el feto ya está maduro como para salir del claustro materno.

En todo caso, lo que sí es cierto es que debe existir un marcador que indique que las condiciones del nuevo ser son idóneas como para finalizar la gestación.

El inicio del parto comporta una serie de cambios a nivel de la madre que hacen que sus estructuras (pelvis, cérvix, vagina, etc.) cambien y se adecúen para el acto de parir. Es decir, la pelvis se ensancha un poco, el cuello de la matriz se reblandece y se dilata, la vagina se vuelve más elástica y permite más su distensión, etc., cambios todos ellos dirigidos a que la expulsión sea lo más fácil posible.

Estos cambios son debidos a la influencia de sustancias hormonales que liberadas en el mismo sitio o bien a nivel sistémico, ejercen su acción en los mencionados órganos.

La madre, cuando inicia el parto, lo puede hacer de diversas maneras; frecuentemente es motivo de intranquilidad, sobre todo en las primerizas, debido a la hipotética inexperiencia de la misma.

El desconocimiento puede provocar que la paciente no acuda al centro asistencial cuando deba hacerlo e inversamente, acuda más veces de las necesarias, con la consecuente sensación de “ridículo” que puede sentir por la falsa alarma.

Ya durante la gestación, el médico conocedor de esos hechos, informa a la gestante de las distintas maneras o signos que puede notar cuando el parto se inicia.

Signos que nos indican que el parto se ha iniciado

En primer lugar, las contracciones que va notando la embarazada durante todo el tercer trimestre, se hacen más frecuentes, más duraderas y con cierto dolor, a veces en la parte baja del abdomen o en la zona lumbar (dolor de riñones). Estas contracciones, que al principio pueden aparecer cada 20-25 minutos, se hace más frecuentes, cada 7-10 minutos. Junto a ello, con frecuencia aparece una pequeña pérdida que tiñe el flujo, que a su vez se hace más abundante.

Horas antes, a veces, la madre puede expulsar una secreción mucorreica (como moco espeso), que constituye el tapón mucoso (expulsión de los limos). En ciertas ocasiones, el primer signo que detecta la mujer es la salida de líquido por los genitales, acuoso, transparente y a veces de manera intempestiva, aunque lo más frecuente sea la pérdida de una pequeña cantidad de líquido. Se trata de la rotura de la bolsa de aguas (he roto aguas!!!). A veces los signos mencionados se presentan conjuntamente.

Después de un tiempo que puede oscilar en algunos casos entre las 6 a 10 horas en las primerizas o bien mucho menos en las que ya han tenido hijos previamente, nace el bebé. Las contracciones se hacen más frecuentes e intensas, la dilatación del cérvix es máxima, y la madre nota una sensación imperiosa de defecar (hacer de vientre), fruto de la compresión que hace la cabeza del bebé sobre la zona más baja de la vagina y el periné.

final del parto

En estos momentos la madre realiza unos movimientos involuntarios de aumentar la presión del abdomen, como para expulsar su contenido, denominados pujos, gracias a los cuales se consigue la expulsión y por lo tanto el nacimiento del bebé.

A veces y sobretodo en las madres que no han tenido ningún hijo, se realiza un pequeño corte (bajo anestesia) en la zona de la vulva para facilitar el parto, conocido como episiotomía.

Todo este proceso en ciertas ocasiones, puede ser doloroso para la madre, en especial las contracciones y la dilatación del cérvix, de ahí que se procure minimizar las molestias gracias a la aplicación de técnicas analgésicas y/o anestésicas, entre las que cabe destacar la anestesia epidural.

Ésta consiste en introducir mediante una aguja, un poco de anestesia en la zona que hay alrededor de la médula espinal, a nivel de la zona baja de la espalda, con lo cual se consigue la anestesia de la zona, permitiendo un parto totalmente indoloro, pero con la ventaja de que la madre está consciente, pudiendo vivir y disfrutar de un momento tan maravilloso como es el nacimiento de su hijo.

En ciertos casos, bien por la urgencia de la situación o bien porque existan contraindicaciones para ello, se realiza una anestesia general, es decir, durmiendo a la paciente.

Qué duda cabe que una gran parte de las molestias de la paciente son debidas a un desconocimiento de la situación y a un cierto miedo, lo cual provoca tensión y a su vez más dolor.

Preparación al parto

La preparación, por parte de la madre, durante la gestación gracias a los cursos de orientación y educación maternal, junto con la práctica y perfeccionamiento de las técnicas de relajación así como con una preparación física y respiratoria adecuadas, la madre en el momento del parto puede minimizar sus molestias de manera muy significativa, disminuyendo, por tanto, los requerimientos analgésicos.

La aplicación racional de la preparación al parto junto con la analgesia adecuadas hace que el proceso del parto hoy día sea prácticamente indoloro, lo cual redunda en ventajas tanto para la madre como para el feto, dado que si la madre está relajada, no presenta alteraciones en las contracciones uterinas (contracciones muy frecuentes y con falta de regularidad) o en la respiración (respiración muy frecuente o jadeante), factores ambos que pueden provocar sufrimiento fetal.

La asistencia al parto se realiza en los centros adecuados (maternidades) donde se dispone de infraestructura no solamente para los cuidados maternos sino también para el recién nacido, al cual se le debe prestar toda la atención indispensable ya desde sus primero segundos, mediante unas correcta reanimación y valoración de los signos que nos indican su bienestar, con el fin de que en caso contrario se puedan aplicar las medidas pertinentes.

Es necesario enfatizar que el ambiente donde debe nacer el niño debe estar a una temperatura adecuada, alrededor de los 28 grados.

En ciertos casos, debido a anomalías de la pelvis materna o bien porque el feto se dispone mal en el canal de parto, el médico debe finalizar el parto mediante la aplicación de ciertas técnicas llamadas tocúrgicas, como la aplicación de fórceps, de las espátulas o bien de la ventana (actualmente muy en desuso).

Éstas técnicas, bien aplicadas, no sólo no son perjudiciales sino que pueden solucionar problemas, a veces muy serios.

Expulsión de la placenta

Tras unos minutos y gracias a las contracciones de la matriz que continúan después de la expulsión del feto, se alumbra la placenta. A este período se le llama alumbramiento.

La placenta, que durante todo el embarazo ha sido uno de los órganos fundamentales para el desarrollo y crecimiento fetales, se desprende de la matriz y sale al exterior, junto con una pequeña cantidad de sangre, que procede de la zona de inserción.

Mediante la contracción intensa de la matriz, los vasos sanguíneos de esa zona quedan comprimidos y dejan de sangrar.

Después del parto

La madre, una vez ha dado a luz, inicia toda una serie de cambios en su organismo destinados por un lado a propiciar la lactancia y por otro a conseguir que su cuerpo poco a poco vaya recobrando de nuevo su situación de normalidad.

Al expulsarse la placenta, las hormonas que segregaba dejan de entrar en el torrente circulatorio materno. Este descenso estimula a que otras hormonas maternas, que estaba inhibidas, aumenten y así estimulen la formación de leche por parte de las mamas. A las 48-72 horas, los senos aumentan de tamaño, se endurecen e incluso pueden doler, sensación denominada comúnmente por “subida de la leche”, y que a veces puede acompañarse de un ligero ascenso térmico o aparición de dolor de cabeza o espalda.

A partir de ese momento, la secreción láctea aumenta, llegando a una secreción de más de 500 cc diarios, en muy pocos días. En la leche materna, aparte de los componentes energéticos y nutritivos, indispensables para la subsistencia del recién nacido, existen otros elementos muy importantes como las inmunoglobulinas, que son unas defensas frente a enfermedades, especialmente infecciosas y que protegen al niño de cualquier alteración de este tipo. De ahí la importancia de la denominada lactancia natural o materna.

El posparto o cuarentena

El período del posparto es el tiempo que media entre el parto y los 40 días después del nacimiento. Durante ese tiempo, el útero va recobrando sus características normales, la pelvis vuelve a su situación inicial, la vagina se tonifica, etc.

Durante unos 10-20 días la madre va teniendo una pérdida sanguínea por la vagina, de cantidad cada vez menor, hasta desaparecer. De todas maneras, esta pérdida en ciertos casos y dentro de la normalidad, puede durar toda la cuarentena, pero no es lo más habitual.

Relaciones sexuales durante la cuarentena

Tras ese período, el médico realiza una observación para detectar anomalías residuales para de esta manera poderlas tratar. Durante la cuarentena, las relaciones sexuales deben prohibirse mientras haya pérdida de sangre (lo cual traduce que todavía existen restos de herida de la inserción placentaria) debido a que se podría provocar una infección materna.

Una vez superado ese período, la mujer habitualmente no puede quedar gestante, en especial si está lactando, pero en cualquier caso, la utilización del preservativo es una medida recomendada con fines contraceptivos.

La consulta con el médico acerca de esos aspectos resolverá las dudas y permitirá la solución más idónea en cada caso.

Muchas pacientes se preguntan cuánto tiempo debe pasar entre gestaciones. En realidad, el tiempo mínimo debe ser de 6 meses, aunque lo recomendable sea un año. Se ha podido observar que cuando el tiempo entre embarazos es inferior al mínimo indicado, aumenta la probabilidad de amenaza y parto prematuro.

 

Un saludo!

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