Bebés

La difícil adaptación del recién nacido al mundo exterior

Se le llama recién nacido desde el nacimiento hasta que cumple los veintiocho días de vida. Durante estos días, llamado período neonatal, se producen los acontecimientos más importantes de la vida de cada persona, aquellos que permitirán su posterior desarrollo físico y psicomotor con normalidad.

El nacimiento comporta grandes cambios en el organismo del recién nacido, encaminados todos ellos a conseguir una adaptación adecuada a la vida extrauterina, al mundo exterior.

Por extraño que parezca, el nacimiento representa una gran amenaza para la vida. No en vano es durante este primer mes donde se produce la mayor tasa de mortalidad infantil. Las secuelas permanentes de los procesos perinatales son también frecuentes.

Las lesiones del sistema nervioso central sufridas durante el parto o el período neonatal son responsables de gran parte de los trastornos neurológicos, infantiles, como la parálisis cerebral, la sordera o la alteración del desarrollo psicomotor.

Los niños nacidos antes de la fecha prevista y aquellos con un peso inferior a la norma pueden sufrir mayores alteraciones en este delicado período.

La tasa de mortalidad perinatal (que comprende las muertes ocurridas entre la semana 28 de gestación y los primeros siete días de vida) ha disminuido progresivamente durante los últimos años en la mayoría de los países industrializados, gracias a una mejor asistencia durante el embarazo y el parto, al avance de los cuidados intensivos neonatales y a la reducción de factores de riesgo, mediante un adecuado control de la madre durante el embarazo.

Para disminuir al máximo la posibilidad de estos problemas, los padres, el obstetra y el pediatra deben plantearse conjuntamente varias metas: detección temprana de los problemas médicos significativos, de manera que puedan ser tratados apropiadamente; protección del recién nacido frente a los factores externos a los que es particularmente susceptible (infecciones, hipotermia, etc.); y promoción de la salud mediante medidas de prevención, atención a los cuidados básicos del recién nacido, nutrición adecuada y buena relación madre-hijo.

Durante el embarazo

Para dar a luz a un bebé sano es esencial un adecuado seguimiento del embarazo por parte del obstetra. Es aconsejable que la mujer acuda a la consulta del médico al llegar a la segunda falta para establecer el diagnóstico de embarazo. En este post explico más detalladamente el control durante el embarazo.

En principio, las visitas se hacen mensualmente, hasta los dos últimos meses en que aumenta la frecuencia de los controles a cada quince días o incluso semanalmente si el médico lo considera oportuno.

El cuidado de la madre comprende una serie de medidas durante estos nueve meses de gestación. Es importante un reposo adecuado, con al menos ocho horas de sueño al día y una higiene personal estricta. No es necesario cambiar la forma de vida, tan sólo evitar los grandes esfuerzos y aquellas situaciones que puedan entrañar un riesgo especial, como las radiaciones (radiografías), los tóxicos o el contacto con personas afectadas de una enfermedad infecciosa, en especial con niños enfermos de rubéola o con otras enfermedades exantemáticas (erupciones cutáneas).

Los medicamentos deben tomarse sólo por prescripción médica, pues muchos de ellos pueden ejercer efectos nocivos sobre el feto.

El consumo de tabaco durante el embarazo puede ser la causa de niños de bajo peso (peso inferior a 2,5 kg en un bebé nacido a término) debido a una disminución del flujo sanguíneo miometrial a consecuencia de la nicotina y consiguientemente a una disminución de sustancias nutritivas al feto.

El alcohol actúa como tóxico durante todo el desarrollo, pudiendo conducir a retardos de crecimiento fetal severos, sordera y alteraciones neurológicas diversas.

La drogadicción puede provocar un síndrome de abstinencia durante las primeras horas de vida, además de aumentar la incidencia de malformaciones y la posibilidad de muerte súbita del lactante.

Durante los meses del embarazo y durante la lactancia, la madre y también el padre (sobre todo en el caso del tabaco), deben evitar o disminuir al máximo el consumo de estos tóxicos.

La alimentación debe ser completa y variada, incluyendo vitaminas y minerales, proteínas, grasas e hidratos de carbono en una proporción armónica. A partir del segundo trimestre aumentan las necesidades calóricas y en especial, las de calcio, que se pueden conseguir a base de suplementos cálcicos específicos o con la ingesta de unos 750cc de leche al día.

Son necesarios una serie de controles analíticos durante el embarazo. Con el análisis de sangre general se diagnostica la aparición de una anemia muy frecuente durante estos meses y fácilmente evitable con los suplementos de hierros y ácido fólico adecuados.

Todas las mujeres gestantes deberían tener un control previo de su correcta inmunización para la rubéola, ya que no puede realizarse la vacunación durante el embarazo y la enfermedad contraída durante los primeros seis meses de éste, puede producir en el feto graves malformaciones.

Otro control obligado son las llamadas serologías, que estudian la inmunidad de la madre frente a la rubéola y otras enfermedades que pueden provocar alteraciones congénitas graves (toxoplasmosis, herpes, citomegalovirus, etc.).

El método de elección para visualizar el feto y su desarrollo es la ecografía, ya que no entraña ningún riesgo para el pequeño. En principio, se aconseja realizar una ecografía en cada uno de los trimestres del embarazo.

En la primera se diagnostica, definitivamente, la gestación de un feto vivo (es posible oír el latido cardíaco a partir de la séptima semana), la edad gestacional y la gestación múltiple.

En la segunda es posible medir las dimensiones del feto, comprobar su anatomía (sexo, posibles malformaciones) y la normalidad en los movimientos y la estática fetal.

La tercera ecografía tiene como misión fundamental diagnosticar los retardos del crecimiento intrauterino o la existencia de complicaciones mediante la valoración de la placenta y la cantidad de líquido amniótico.

El diagnóstico prenatal de las patologías maternofetales es básico para su posterior desarrollo extrauterino. Por ello, en algunas situaciones que entrañan un mayor riesgo, se ponen en marcha mecanismos diagnósticos especiales.

En el caso de madre y/o padre de edad avanzada, consanguinidad próxima, enfermedades hereditarias o cromosomopatías en la familia, están indicados estudios específicos para llegar a un consejo genético, como la amniocentesis o la biopsia corial. La amniocentesis (estudio del líquido amniótico obtenido por punción), se practica alrededor de la semana 16 de gestación y permite, además del estudio genético, el diagnóstico de algunas malformaciones del sistema nervioso o trastornos metabólicos.

El nacimiento: la difícil adaptación al mundo exterior

Algunas características del bebé sufrirán un cambio radical al producirse el nacimiento. Hasta ahora el feto se nutría a partir de sustancias de la madre, que llegaban a él a través de la placenta. Por el mismo mecanismo recibía el oxígeno necesario para su crecimiento.

A diferencia de la circulación sanguínea de toda persona a partir del nacimiento, la circulación del feto se centra básicamente alrededor de la placenta y los órganos prioritarios (cerebro, riñones, corazón), olvidando un poco aquellos que durante la vida intrauterina se mantienen prácticamente en reposo (pulmones y tubo digestivo).

El feto crece inmerso en un ambiente ideal, a una temperatura constante y sin recibir casi ningún estímulo del exterior.

Y llegamos al momento del parto. En unas pocas horas todo el organismo debe readaptarse a las nuevas condiciones: los pulmones deben expulsar todo el líquido que contenían para permitir la entrada del aire; el corazón debe empezar a bombear sangre hacia ellos para obtener el oxígeno desde el momento en que se separa de la placenta materna, produciéndose una redistribución de toda la circulación al abrirse los vasos del circuito pulmonar y cerrarse aquellos destinados a la circulación fetal específica.

A partir del nacimiento, la temperatura corporal dependerá de sus propios mecanismos de ahorro de calor y por otra parte, el niño empezará a recibir los inevitables estímulos constantes del ambiente que le rodea.

Su sistema digestivo deberá aprender a digerir sustancias complejas, no absorbibles directamente, a diferencia de los nutrientes básicos y ya digeridos que le llegaban a través de la sangre de su madre.

Así pues, no es nada fácil la adaptación del recién nacido al mundo exterior.

El embarazo llega a su término (fecha prevista para el parto) a las 40 semanas de gestación, diez lunas después de la fecundación del óvulo. Es fundamental conocer la edad del feto antes de su nacimiento, calculadas a partir del primer día del último período menstrual y corroborada con los estudios ecográficos.

Según ella se tendrán tres grupos de recién nacidos:

Recién nacido a término, entre las 37 y las 42 semanas de gestación. En este caso, si el peso está entre 2´5 kg y 4 kg (peso adecuado) el pequeño afronta el cambio a la vida extrauterina en las mejores condiciones. Su cerebro y sus pulmones están preparados para respirar el aire ambiente después de los nueve meses de protección en el útero materno. Es también capaz de regular su temperatura, de forma que transcurridas las primeras horas desde el nacimiento no necesita ningún tratamiento médico específico.

Recién nacido pretérmino, antes de cumplir las 37 semanas de gestación. En este caso y en mayor grado cuanto más lejos se encuentre de la fecha prevista al iniciarse el parto, pueden aparecer graves problemas de adaptación a la vida extrauterina. Los primeros problemas pueden presentarse al iniciar la respiración aérea, debido a la falta del llamado tensioactivo pulmonar (sustancia básica para el buen funcionamiento de este órgano, que se produce tan sólo durante las últimas semanas del embarazo), o por la inmadurez de los mecanismos cerebrales de control de la respiración, que pueden causar un paro respiratorio. Por otra parte, el cambio de la circulación sanguínea fetal a la del adulto no se produce con igual prontitud, provocando un exceso de trabajo para el corazón del recién nacido. Tampoco su intestino está preparado para recibir la alimentación externa, presentando grandes problemas de digestión y absorción de los nutrientes. Por otra parte, el recién nacido prematuro no es capaz de regular su temperatura, lo que junto al hecho de que el pequeño tiene, en proporción, mucha más superficie para la pérdida de calor, le lleva a la hipotermia si no se mantiene a la temperatura adecuada con técnicas especiales (incubadora, control frecuente de la temperatura). Todo ello depende fundamentalmente del grado de prematuridad, siendo los grandes inmaduros (entre 26 y 30 semanas, con un peso inferior a los 1´25 kg) y los prematuros entre 30 y 34 semanas de gestación, con peso inferior a los 2 kg quienes requerirán mayores atenciones.

Recién nacido postérmino, cuando la gestación sobrepasa las 42 semanas de duración. En la mayor parte de los casos la posmadurez es de causa desconocida. Estos bebés se desarrollan bien hasta la semana 42, pero a partir de entonces sufren una deprivación nutricional que los lleva a nacer con aspecto de malnutridos, con la piel macerada y resquebrajada, laxa y arrugada como si fuese demasiado grande para el niño. Todas las estadísticas muestran una mortalidad neonatal aumentada en este grupo, tanto más cuanto más se prolongue la gestación. Así pues, dado que el recién nacido ha llegado ya a su término y está preparado para adaptarse a la vida extrauterina, es conveniente el parto electivo antes de sobrepasar las 42 semanas.

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